A
LA SOMBRA
DEL POETA
Jorge
Falcone
Quién
pudiera
exhibir,
en vez
de esta
hoja impresa,
el original
en que
escribimos,
mostrando
como evidencia
de un
mecánico
la huella
(aquella
firma
que indagó
Vucetich).
Quién
supiera
del goce
o la desdicha
que nos
mueve
a amasar
vivencias
para que
un día
lo propio
crezca
y se haga
universal.
Quién
valuara
que nadie
nos llama
por el
nombre
y encarga
el libro
que editamos
ordenando:
"Escríba,
poeta.
Es su
misión
social".
Quién
compartiera
esta suerte
de hacer
pública
una voz
en vez
de pagar
teléfono,
luz eléctrica
o gas,
conciente
de que
ser poeta,
más
que un
rapto
de inspiración
reclama
un simple
ejercicio
de projimidad.